La postergación es un gran enemigo. Si bien actuar sin más, de pronto, sin darse cuenta de qué hay detrás, de qué emociones, sentimientos y pensamientos nos impulsan a la acción, sin determinar si conviene antes entrar en reflexión, en armonía, en ajuste de emociones, nos puede conducir al error, el hecho de no hacer nos enquista en una falta de dinamismo, de ejecución, que puede contraernos, haciéndonos caer en la nada. Y por nada entiendo el incrustarnos en el “cronos” estéril, alejándonos de la vida productiva, fértil y motivadora.

Es frecuente encontrarse en una sesión de Coaching para la vida a personas perdidas y sin alicientes.

Cuando todo es rutinario, cuando los proyectos no se materializan por falta de decisión, por dudas, por miedos o desconfianzas, podríamos seguir estos pasos:

 

  1. Observar y analizar a fondo la situación desde una postura impersonal, desde fuera.
  2. Detectar las fallas que nos distancian de nuestros sueños.
  3. Concretar las dificultades ciertas y aquéllas que surgen de nuestros miedos, inseguridades, incompetencias e ideas limitandes irracionales, derivadas de aprendizajes negativos previos o de patrones heredados del entorno, que ni siquiera son realmente nuestros.
  4. Buscar soluciones posibles, evaluando cuáles son más poderosas y cuáles no lo son tanto.
  5. Fijar acciones coherentes en cuanto a recursos y tiempos.
  6. Pasar a la acción!!!
  7. Aprender del proceso y del resultado, premiando los éxitos y reconduciendo errores.

Proyectarse hacia el cambio inducido desde el propio liderazgo, desde la gestión de la propia experiencia vital es sinónimo de consciencia, de responsabilidad y de compromiso.

Recordemos, se hace camino al andar…estar quieto no es estar emocionalmente vivo.