En alguna ocasión noté que estaba viva, ágil para galopar mil días seguidos si fuera conveniente, preparada para emprender, fértil para crear, cerca para compartir, con la mente despejada, el corazón emocionado y el camino diseñado… preparada para iniciar. Pero, como suele suceder, cuando se tiene una meta legítima, la fuerza también legitima ayuda…y, en cuanto dudo, me asusto, pierdo coherencia, me desvío por cualquier razón…zas! la fuerza ilegítima neutraliza, confabula en contra y mi plan se rompe…

Esto se traduce en sueños truncados, compañeros de viaje que se desvían cuando todo está preparado, emociones no alineadas, metas perdidas…
La vida es un ir y venir…no somos perfectos, perdemos líneas trazadas, nos vamos por las ramas, nuestros corazones tienen heridas, el pasado pasa factura, perdemos la inspiración, nos desesperamos, tiramos la toalla…

Después de la experiencia debería venir el aprendizaje…y el retorno a nuestra preciada razón de ser.

Cuando un proyecto tuvo potencial suficiente para enamorarnos, para sacar lo mejor de nosotros, para ser compartido, no se debiera dejar de ejecutar porque, simplemente, ese era nuestro camino.

Algunas veces retornar es crecer…

Algunas veces faltó compromiso, faltó valor, sobró inmadurez, o sobraron otras cosas… Pero estamos para aprender…

Algunas veces hay que corregir el volante de nuestras vidas, hay que volver dando marcha atrás para recuperar la dirección. No tiene sentido caminar hacia el vacío. Seguir en la zona de comodidad sin pasión, con la sensación de que sólo es un pasar días y días porque no sucede nada, absolutamente nada que me sorprenda, que me genere curiosidad, que me apasione de verdad, como algún día me apasioné, es perder la batalla de la vida.

!Hay que luchar! No importa el tiempo que pasó ni el dolor que sentí. Importa que todavía tengo vida para vivir…y para reencontrarme y ejecutar.

Ojalá me vaya de aquí con el trabajo hecho, habiendo compartido, habiendo crecido y habiendo ayudado a crecer porque conseguí estar donde de verdad quería estar. !Ojalá no me falte decisión para renacer!

Mantener las ideas limitantes, que nos acucian más y más cada día, es perder el tiempo. Ahí solemos permanecer hasta que tocamos fondo y decimos !basta!
Obstinarnos en esconder la cabeza como la avestruz, repitiéndonos una y otra vez que ya estamos bien como estamos, aun cuando sabemos conscientemente que la vida perdió colorido y que lo que nos envuelve es rutina, acomodamiento, “seguridad” o, simplemente, inercia, es postergar, envenenarnos con la falta de ilusión, perecer emocionalmente, perder vida por renuncia, sin más.

Cuando decidimos no decidir, nuestro rostro se apaga y nuestros ojos dejan de brillar. Un halo de tristeza y parsimonia retrata nuestro bajo estado de ánimo, nuestra pérdida de ilusión. De nada sirve la sonrisa forzada, la foto retocada, aunque pongamos todo nuestro empeño en disfrazar nuestra realidad y autoengañarnos, nosotros mismos sabemos que ya no somos los mismos, que la frescura del espíritu curioso, atrevido y enamorado con la vida se va marchitando poco a poco, sin pausa. Y eso genera angustia y parálisis emocional.

La naturaleza humana es creativa, imaginativa e intrépida. La autoestima se construye así. La pasión ha de envolver nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestras acciones. Si apostamos por vivir, la vida se acerca, se instala. para regalarnos conocimiento y logro. Pero la vitalidad no puede permanecer en nosotros si el desánimo es nuestro dueño y nosotros sus esclavos.

Existen múltiples formas de desvitalizarse. Estar en un escenario gris y renunciar a todo aquello que nos enamoró y nos hizo palpitar cuando aun estamos a tiempo, y lo sabemos, es una forma infalible de conseguir caer en el vació estéril. Nada duele más que aquéllo que nos corresponde y ya no está.

Puede que nos hayamos equivocado, puede que los errores sean incluso graves, puede que hayamos vivido sin legitimidad, que jugáramos con fuego, que ensuciáramos nuestras vidas. Puede que nos sintamos culpables…pero, ya está. Tras el reconocimiento necesario, hay que perdonarse y desterrar la culpa.

Todos merecemos una segunta oportunidad. Si hemos vivido de manera opaca, ya es momento de brillar!

El que fue capaz de imaginar desde la luz, debiera salir de la oscuridad. Y evitar el autocastigo y decirse: ya está! Esta decisión será el fin de su cautiverio, el retorno hacia su meta, su oportunidad.

Quien se desvió tiene una experiencia interesante, que se puede releer desde el crecimiento. Creo que la humildad es sabia…y corregir el volante cuando vamos hacia el abismo del desánimo, también.

Si estas palabras también te resuenan, tu también puedes recuperar tus metas y hacer tu labor, te sentirás mejor.